Único y excepcional

Así es el toro de lidia. Como esta fiesta nuestra que ha subsistido y evolucionado desde sus orígenes míticos en la cultura mediterránea hasta nuestros días, y que representa un patrimonio cultural que es necesario salvaguardar y proteger por constituir un espectáculo que proporciona sensaciones y experiencias indescriptibles. La fiesta del toreo conecta de una forma íntima y sensible a los aficionados cuando ven la ligazón de una faena entre la fiera y el hombre.

Antes de analizar los hierros que saldrán de los corrales de la plaza de toros de La Condomina entre el 11 y el 18 de septiembre, es importante poner en valor el trabajo de los ganaderos y sus equipos de trabajo en las dehesas que consiguen temporada tras temporada, tras una cuidada selección, la supervivencia de esta especie a través de nuevos becerros. Ese gran trabajo, junto al de otros estamentos de la fiesta, representa una de las razones principales de la permanencia de la fiesta al crear un espectáculo único y excepcional que rememora el culto al dios-toro y que tiene sus raíces profundas en la cultura del mar Egeo, donde todavía hoy se conservan tradiciones ancestrales para celebrarlo.

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Además, antes de saltar por el portón de los sustos de la más que centenaria plaza de toros de Murcia, los ganaderos habrán tenido en cuenta la conformación física, la línea genética tras un exhaustivo proceso, la alimentación, los saneamientos y las vacunaciones hasta lograr ese burel de categoría sobresaliente que saltará al albero pimentonero.

Los astados de los cuatro festejos principales pertenecen a los hierros de Juan Pedro Domecq, Victoriano del Río y García Jiménez y Olga Jiménez, al que se suma en el espectáculo de rejones, en los que saldrán despuntados reglamentariamente, los morlacos de Los Espartales. Los primeros que saltarán a la arena serán los astados sevillanos de Juan Pedro Domecq, toros del agrado de las figuras, bien encornados, astifinos y de proporciones armónicas.  Cuentan generalmente de un cuello largo y descolgado, el morrillo bien desarrollado y las manos cortas. Su antigüedad data de 1970 y la señal que lucen en los pabellones auriculares son punta de lanza en ambas orejas. Principalmente tienen capas negras, coloradas o castañas, la divisa es encarnada y blanca, y estos toros pastan y se crían en la finca “Lo Álvaro” en la localidad de El Castillo de las Guardas (Sevilla). Los diestros encargados de lidiarlos en la primera de feria; Perera, Talavante y Ureña saben de la buena condición de este hierro en su tarea de salir triunfadores esa tarde.  De lo más reseñable de lo lidiado esta temporada, merece la pena destacar el triunfo rotundo de Cayetano en Valencia, el pasado 20 de marzo, ante un astado con movilidad, que repetía y se entregó a los engaños del maestro.

La segunda ganadería encargada de suministrar la materia prima de la fiesta en Murcia pertenece a Victoriano del Río que recientemente cosechó un gran éxito en la primera plaza del mundo, Madrid, en una tarde en la que López Simón y Manzanares salieran a hombros, y en la que además de las alabanzas al buen comportamiento de los morlacos, al quinto toro de aquella tarde se le pidió con fuerza la vuelta al ruedo en el arrastre, lo que da muestras de la importancia de los victorianos lidiados. Así, el presente, Ponce y “El Juli”, y el futuro de la tauromaquia, Roca Rey, autentica sensación de la temporada, torearán reses que llevan en sus genes el encaste “Domecq”. Toros de buenas hechuras, buena cara y arboladura, bajo y que va a más durante la faena. Muchos de sus hermanos se definen por mantener una embestida constante, lo que en manos de la terna actuante esa segunda tarde, puede favorecer el trasteo de la misma. Los toros de Victoriano que viven hasta su embarque a las plazas en la finca ‘El Palomar’ de Guadalix de la Sierra (Madrid), están consolidados en las ferias importantes, como la murciana. La antigüedad de estos animales data de 1942, la señal que lucen es muesca en ambas orejas y su divisa es negra y amarilla.

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La última tarde de toreo a pie, el martes 13 de septiembre, “El Fandi”, Manzanares y López Simón se sortearán en el apartado matinal toros del hierro salmantino García Jiménez-Olga Jiménez. La procedencia de su encaste actual también es Juan Pedro Domecq como en la primera tarde, y lo que se espera de ellos es que tengan movilidad, sean nobles y encastados. Como también se ha reseñado anteriormente, los coletudos actuantes pueden verse beneficiados por esas condiciones dado lo artístico de sus faenas en el caso de Manzanares y López Simón. También, en el caso de “El Fandi” para lucirse con los rehiletes, los Jiménez deben tener movilidad, ya que los deja muy enteros para ese tercio. Todos los hermanos de estos dos hierros pastan en la finca ‘Zarzosillo de Arriba’, El Cabaco (Salamanca) y hay que recordar que en la feria pasada estos bureles fueron nobles, de buen juego y permitieron el lucimientos de dos espadas que salieron a hombros.

Para el último festejo, los toros estarán reglamentariamente despuntados para rejones y las características necesarias para lograr la conjunción entre los jinetes y los morlacos serán temple, suavidad y galope constante, cualidades que tiene la ganadería de “Los Espartales”. Sus toros, que garantizan el paseo de orejas por los rejoneadores que los lidian, viven hasta el momento de su llegada al albero en Badajoz. Su encaste es Murube-Urquijo, toda una garantía de movilidad en las tardes estéticas en el arte de Marialva. Su divisa es azul y roja y los morlacos de este hierro salen a la plaza con la señal muesca en el pabellón auricular derecho y orejisano en la izquierda. Morfológicamente se trata de animales de gran volumen corporal, bien enmorrillados, caja profunda y cabeza grande. Predominan las encornaduras brochas o en corona pero no de mucha longitud. Seguro que, al igual que ocurrió el año pasado, donde Andy Cartagena logró un rotundo triunfo, el de Benidorm, Galán y Ventura hacen las delicias de los allí presentes con la complicidad de los espartales que salten a la Condomina.

Una temporada más, presenciaremos en Murcia un ritual donde el hombre, vestido de luces o a caballo, y un animal salvaje, se encuentran en un momento y en una plaza, la murciana, para admirar esa unión mágica, llena de color, belleza, valor y maestría que hacen que los que la presencian, beban del arte.

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